He dejado tú cuerpo
a las orillas del rio.
Una ofrenda a los antiguos.
Con tus tetas al aire
y tus tripas desbordantes.
Una mancha de realidad
antes los ojos de los acólitos
de los nuevos dioses.
Una puerta para aquellos
viñedos malditos.
Un sacrificio a lo sagrado.
Origen de heridas y mitos.
Escultor de barro primigenio.
La deidad ha llegado
y junto con ella
la mancillación de la carne.
No hay suficientes blasfemias
para desterrarme al olvido.
Terror en las calles.
Ríos de sangre.
La mirada de un dios muerto
y las esperanzas
de un mejor mañana
tiradas por la borda.
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