sábado, 17 de noviembre de 2018

Aquelarre.

Bajo el viejo roble
cobijado
por la luz
y calor
del fuego fatuo.

Tal vez mirar atrás
e intentar detenerme.

He de prometerte
que buscaré la esperanza
perdida
hace tanto tiempo.

Sólo me espera
el azufre.

A lo lejos las brujas
dan el espectáculo de llamas
desbordantes
en éxtasis
y desesperación.

Puedo escuchar
el llamado.

Sin alma.

Nunca pude imaginar
un final tan decepcionante.

Perdona
todas las veces
que imploré
por tu ayuda.

Aparece un susurro
en medio de la  noche maldita.

Un mal presagio
o simplemente un recuerdo
tratando
de volver a existir.

Se ha vuelto tan difícil
distinguir la realidad.

He abandonado
aquel concepto
ahora
que aulló en mi celda acolchada.-

El único que he tenido.

Calor efímero.

Cuando alzo la mirada
hacia los tristes ojos
de la misa vestida de neblina
y delirios fugaces.

Soy un perro sarnoso
embriagado de divinidad
emergente a media noche.

Acaricia mis harapos
y encamina mi perdición
recuerda que soy adicto al dolor.

Extrae un suspiro
de esta carroña ambulante
antes de que el mañana
devele sus planes.

Blasfemia.

Justo como el agua del río
fluir hasta perderse en el mar
cual gota bastarda.

Perdido bajo los abismos.

Soy aquella lágrima
sin un destino
ni propósito.

Muéstrame como evitar
y volver a ser una hoja
Disperso en el viento.

Cual polvo arrastrado
hacia la catarata
de destello cobrizo.

Sé que es un sueño
no quiero volver a abrir los ojos.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Cuarto obscuro.

Desvanecida de mi realidad debo olvidarte
y volverte una de tantas pesadilla
implantadas en mi mente.

Lo lamento tanto
que al final del día
he de recorrer este sendero
por siempre solo.

Desde siempre he cargado con esa suerte
esto debe ser alguna pesadilla cruel
una que ha durado toda mi vida

Cuanto quisiera desearte
un placido descanso
pero ambos sabemos
que no lo mereces.

Ahora no importa mi destino sé muy bien
que no merezco una oportunidad
para buscar la felicidad.

Pude verme entonces
en la orilla de aquel abismo
al que los condenados
llamamos "hogar".

Caen las hojas.

Y bien, llegó el momento
de volver a perderme en la espesura.

Impulsado por el dolor
lo único real
en este
asqueroso mundo.

Dirigí mis pasos al horizonte
esperando encontrar la verdad.

Fue entonces
que pude verme
merodeando
en los bordes.

Entre la triste vida
y la dulce muerte.

En calles taciturnas
de cielos grises
tan bellos
que incitaban al suicidio.

Diálogos de una intrusa

- Si no quieres que te pertenezca solo a ti, dímelo.
- No es cosa de pertenecer, Pancracia.
- ¿No?, Entonces, ¿Qué es lo que acabas de insinuar?
- ¡Que eres libre, muy libre!
- Eso ya lo sé y sé que también me quieres, Alejo.
- Pero escucha, yo te lo quiero decir.
- Y tú, ¿quién te crees para decirme eso?
- No me creo nadie, no soy nadie, pero... Escucha.
- No, no quiero escuchar.
- ¡Siempre lo mismo!
- Si yo quiero coger con Fredy, Judith, Adrián, Martha, Félix, Alberto o Lucía, ¡No tienes ningún derecho de objeción!
Jamás te he dicho que me perteneces, porque no es así; desde un inicio tenía en cuenta lo que éramos, un montón de cuervos apilados, queriéndose comer la pasión errante que ha ambos nos hacía falta. Eso somos, cuervos, cuervos insaciables, cuerdos.
¡Y tú! Que eres mi instructor en esto de devorar, ¿vienes y humillas mi libertad?
- No quise decir eso, Pancracia, lo sabes. Sé que no estoy en posición, no me hago pendejo, sé que hay adversidades de por medio.
- Adversidades que tomo en cuenta para no molestarte, pero no hacen que te quiera ni un poquito menos. ¿Tienes algún problema que durante estos próximos quince, cincuenta, o más minutos quiera pertenecerte, a ti, solo a ti o si quiero, estos dos, cinco, diez años?
Si me doy cuenta, que ya no quiero ser tuya durante los próximos 10 segundos ¿Que dirás?
Ay, Alejo, no has entendido nada.