miércoles, 6 de marzo de 2019

Recuerdo

Mi alma se muestra incandescente,
mi sonrisa tan natural como mis senos
Escapándose como aquellos viejos recuerdos.
Aquella seda guerera tal vez se atintó carmín.
De cualquier ángulo eras digno de mis pecados
y al igual que ellos, mis sollozos quedaron atónitos.

Olor a viejo erizado

Su cuerpo arrugado seguía ardiendo como en aquella juventud.
Esos senos blancos que guardaban sólo como recuerdo su firmeza,
como el mismo tiempo de testigo que nunca le mitió y que sin embargo, seguían siendo reales.
¡Ay, esas fantasías que esos sueños carnales cumplieron en aquellos años!
Se marchitan, pero siguen ocupando espacio.

Beldad.

Puedo mostraste
mi mayor debilidad
esperando que termines
con mi miseria.

Partamos pues
a tierras lejanas
y olvidemos
esta ciudad.

Donde la confianza
es un acto suicida.

Escapemos de esto
y comencemos de nuevo.

Sin amaneceres distantes
ni noches disfrazadas.
Sólo un par de almas.

Vacia.

No temas al escuchar mis pasos
acercándose lentamente.

Puedes dejar de gritar
busco un alma
no he venido por ti.

Es difícil creer en ti
cuando eres un objeto.

Puedo ver como te mueves
e incluso 
te puedo ver hablar.

Pero te falta esa chispa
que sólo la vida otorga.

Puedo ver la alegría
que tanto te esfuerzas por mostrarme.
Lastima que sea falsa.

Levántate.

Te he decepcionado tantas veces
sólo queda pedir perdón
al cerrar la puerta.

Así que duerme
y borrame.

Convierteme en una pesadilla
olvida el pasado.

Todo esto
ha sido sólo una mentira
y eso es bueno.

Sólo un mal sueño
sobre una realidad alterna.

Una terrible visión
de un mundo distante.

Sólo eso.

No importa.

Vestigio.

Cuéntame sobre
aquella sensación
que he dejado
de sentir
en mis huesos.

Aquel calor que envuelve
sin consumir.

Tan eterno como el universo
y resplandeciente
como un amanecer
envuelto en sangre.

Quisiera saber
como se siente
pero no lo merezco.

Rompí todo lazo
y quebranté
todo aquello
en lo que creía.

No queda nada de mi.

Sólo queda
emerger de nuevo.

Nubes negras.

Avaricia ciega
de canto seductor
demasiado como para oponerse
a su voluntad.

Arranca mi instinto
de supervivencia.

Pude ver multitudes enteras
bañadas en oro liquido
dispuestos a arder.

Al estallar los gritos de dolor
ascienden en una estremecedora sinfonía.

Un tétrico silencio
quedó entonces
cuando los miles de ecos
terminaron de declarar
su agonía.