Desde Diógenes hasta Trevor ¡Yo soy el rey harapiento!
Yo soy aquel desgraciado que ha encontrado
su legado y conexión bajo la mascarada
que existe bajo la piel y otras aberraciones.
Me vine adentro con el simple objeto de hacerte mía por el resto de nuestras vidas. Has abortado aquel ultimo intento y saber eso es suficiente argumento cómo para olvidarme que existe un bastardo añorando saber de dónde viene ese malestar e instinto suicida.
Puedes seguir negándome.
De hecho; Te imploro
por negar mi existencia
y cualquier nexo que deba
tener con aquella maldición.
Me basta con saber que soy
un arma biológica y que
cualquier vástago será
un maldito antisocial.
Tienes mi vida entre tus manos
y yo sé muy bien lo poco
que eso te importa.
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