martes, 13 de noviembre de 2018

Noctambulo.

A pesar de todo he recorrido
enorme distancia entre la vida bella
y los ríos desbordantes donde la locura
suele aparecer a reclamar
a sus nuevos adeptos.

Siempre en píe
a pesar de ser inútil aferrarse
al esplendor de aquel lucero distante
arden las añoranzas cual llama inclemente
y cruel.

Quisiera abandonar esta cruzada
caer abatido y borracho.
Dejar atrás lo que me vuelve humano
y quebrantarme por última vez
pero es demasiado pronto.

En eterna búsqueda
cada recuerdo nocturno
es una lanza encajada en el corazón.
He de olvidar el dolor ahogado en humo de cigarrillo
y licor.

Despojado de toda fascinación
me retuerzo en cada punzante
recordatorio de mi mortalidad
sufrir el fuego del Averno
es sólo el comienzo del camino.

La angustia
desaparecerá al final del camino
sólo al llegar ante la obscura hechicera
de blanca piel y mirada abisal.
Estaré en mi hogar.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Redimirme.

Desde aquella noche
perdido ante aquella figura
tan hermosa
en el cielo estrellado
que a los astros eclipsaba.

Suplicando
por que
vuelva a aparecer
entre la neblina
del pantano nocturno

Aunque sea un segundo.
Aunque sea en un sueño.

Desde
mi fría celda
cubierto en penumbras
y una que otra
cálida puesta de sol.

Veo a la triste silueta
de la esencia encarnada
desvanecerse
por siempre en los cielos nocturnos
al cruzar el horizonte.

Refugio.

Sopla el viento
de los desiertos invernales
donde vuelan las esperanzas
cayendo siempre patéticas
al abismo sin fin.

Como es que dejé
marcharse una gran parte de mi.
Desde aquella
la noche
donde se apagó la esperanza.

Como un suicida
opacado en el último suspiro
estirado el instante antes de partir
en busca
del último anhelo.

Sin importarme
tener que cargar este dolor y pena.
Emprendí este viaje
y bueno
ya conoces el final.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Dialogo errante I


Una noche de octubre,
las sábanas agitaban su piel,
las piernas se enrroscaban y extendían.

Cólicos, de esos que se trata uno de evitar, cólicos emocionales;
casi se le revienta el cerebro,
tanto apretar los dientes
casi se limaron por completo.

El cuerpo, parecía una oruga.
indicaba lo suficiente, estallaba.
Las retinas nadaban en el resto de los párpados.

En momentos, tomaba las riendas
y tranquilizaba ese falso zumbar de la piel,
esos movimientos gritones.

Minutos después,
negándose,
peleándose
con la cabeza,
el cabello,
los dientes,
la lengua,
los gritos,
la boca,
¡Las benditas desgracias!
¡No!, ¡No!, era más fuerte la búsqueda
para sobrevivir.

La nariz inundada.
Espesa la noche de octubre.

¡Un nombre viene a la mente!
Le vende poco remedio para las retinas buceadoras y comienza otra vez,
desde la garganta sacando el suspiro,
estallando como un umbral tenebroso,
se asusta y recurre a la sábana,
la muerde,
aprieta con las uñas,
moja con fuerza,
No resiste más.
¿Para que esperar?

Ese pensamiento
extremadamente vibrante
cobra vida cada instante.
Repetitivo dolor,
Recordar como superar
el anterior o el siguiente.
La memoria se le enferma.

Se inclina a las peticiones
de la desgracia.
Desición sencilla,
una noche,
de cualquier octubre:
Desgarro, profano,
el alma propia como miseria.

Miente y muere,
con la espina dorsal expuesta a su memoria
-que tal vez llegué un día a recordar-.

Derroche.

Recorreré cada pasillo
en una última visita
a esta mente pendida
en la eterna confusión.

Sólo un adiós al viento
una última noche
bajo la bóveda celeste.

Oculto en densas sombras
hasta comenzar
el canto del viento nocturno
al haberse ocultado el sol.

Tal vez mañana
el viento termine por arrasar
con lo que queda de mi.

Volverme uno con las cenizas
y como ellas fundirme
al paso de las basas
que al Averno reclaman.

Y entonces
volver a germinar
en esta tierra muerta.


Caé.

Estaré aquí
esperando a que la luna demente
termine de dar sus últimas carcajadas
y volver a mi miseria.

Sé que al terminar la pesadilla
encontraré
la luz destellante.

Y por fin
quedará en el olvido.

Deambularé
un poco más, hasta borrar
del recuerdo mi dolor.

Sólo entonces
perdido en calor de invierno
y al caer del telón
encontrar mi destino.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Misteriosa.

Abrir los ojos
otro sueño perdido
deambulaste
en la cámara del olvido.

Recuerdo bien
haberme sentido satisfecho

Al calor del sol naciente
la danza del cobre.
Supongo que por algo
les llaman "buenos tiempos".

Tan lejanos
carcomidos por el olvido.

Sólo siluetas
de negra tinta
dispersas en el muro.
Sólo desperdicios.

Quisiera decir
que estoy orgulloso.