domingo, 11 de noviembre de 2018

Dialogo errante I


Una noche de octubre,
las sábanas agitaban su piel,
las piernas se enrroscaban y extendían.

Cólicos, de esos que se trata uno de evitar, cólicos emocionales;
casi se le revienta el cerebro,
tanto apretar los dientes
casi se limaron por completo.

El cuerpo, parecía una oruga.
indicaba lo suficiente, estallaba.
Las retinas nadaban en el resto de los párpados.

En momentos, tomaba las riendas
y tranquilizaba ese falso zumbar de la piel,
esos movimientos gritones.

Minutos después,
negándose,
peleándose
con la cabeza,
el cabello,
los dientes,
la lengua,
los gritos,
la boca,
¡Las benditas desgracias!
¡No!, ¡No!, era más fuerte la búsqueda
para sobrevivir.

La nariz inundada.
Espesa la noche de octubre.

¡Un nombre viene a la mente!
Le vende poco remedio para las retinas buceadoras y comienza otra vez,
desde la garganta sacando el suspiro,
estallando como un umbral tenebroso,
se asusta y recurre a la sábana,
la muerde,
aprieta con las uñas,
moja con fuerza,
No resiste más.
¿Para que esperar?

Ese pensamiento
extremadamente vibrante
cobra vida cada instante.
Repetitivo dolor,
Recordar como superar
el anterior o el siguiente.
La memoria se le enferma.

Se inclina a las peticiones
de la desgracia.
Desición sencilla,
una noche,
de cualquier octubre:
Desgarro, profano,
el alma propia como miseria.

Miente y muere,
con la espina dorsal expuesta a su memoria
-que tal vez llegué un día a recordar-.

Derroche.

Recorreré cada pasillo
en una última visita
a esta mente pendida
en la eterna confusión.

Sólo un adiós al viento
una última noche
bajo la bóveda celeste.

Oculto en densas sombras
hasta comenzar
el canto del viento nocturno
al haberse ocultado el sol.

Tal vez mañana
el viento termine por arrasar
con lo que queda de mi.

Volverme uno con las cenizas
y como ellas fundirme
al paso de las basas
que al Averno reclaman.

Y entonces
volver a germinar
en esta tierra muerta.


Caé.

Estaré aquí
esperando a que la luna demente
termine de dar sus últimas carcajadas
y volver a mi miseria.

Sé que al terminar la pesadilla
encontraré
la luz destellante.

Y por fin
quedará en el olvido.

Deambularé
un poco más, hasta borrar
del recuerdo mi dolor.

Sólo entonces
perdido en calor de invierno
y al caer del telón
encontrar mi destino.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Misteriosa.

Abrir los ojos
otro sueño perdido
deambulaste
en la cámara del olvido.

Recuerdo bien
haberme sentido satisfecho

Al calor del sol naciente
la danza del cobre.
Supongo que por algo
les llaman "buenos tiempos".

Tan lejanos
carcomidos por el olvido.

Sólo siluetas
de negra tinta
dispersas en el muro.
Sólo desperdicios.

Quisiera decir
que estoy orgulloso.

Partí al amanecer.

He dejado el cariño
justo ahí
en las tierras
que vieron mi derrota.

Escuchando el grito destrozado
el dolor del canalla.

He vuelto al azufre
para arrastrarme
bajo el sendero donde
descansa la luna.

... y esperar que el delirio
no sea tan cruel.

Bajo los escombros
y cristales fragmentados
donde se pierde
la luz del sol.

Sumergido en el ansia
por el eterno descanso.

Encarnación.

Ahogado en el desenfreno
de las noches caóticas.
Envuelto en los telares
que al tiempo deforman.

Sin recordar el mañana
ni las promesas perdidas
me he entregado al carmesí.

Los cuervos cantan
tragedias clandestinas
que llenan de pesar
mi más ardiente fervor.

Enciendo un cigarrillo
para callar los suspiros
y seguir caminando.

Sólo un segundo más
del silencio aclamado
tras el triste cantar
del hombre a medio morir.

Sólo queda seguir mi camino
arrastrando la lluvia
y restos de grafito.

Dimensión.

Tantas oportunidades
arrojadas como basura inservible.
Una vida perdida
en humo de cigarro
y luces de burdel.

Algún lejano día
creí poder escapar.
Que ingenuo.

Una vez mas.
¿Por qué no?

Pretender alzar el vuelo
sabiendo que la caída
es inminente.

Es el ciclo natural
de los eclipses perdidos
entre una y otra alucinación.
Atormentado por el recuerdo
pero es lo único que queda.