viernes, 26 de octubre de 2018

12:50

Apresado en en el tiempo
sin encontrar salida.

Mil años más tarde
junto con el desliz
de noches eléctricas
de licor y arrepentimiento.

Agoniza en el despecho
ciego ante el dolor
brotó en mi aquel espíritu
maldito.

Ahogado en luvia eterna
sólo esperando
el final.

Hacía el nuevo destino
en el frenético cruce
de caminos.
Sonde la pesadilla encarna.

Un eco del recuerdo.
Nada más.

Imagen persistente.

En la espesa penumbra
que paraliza el alma
y congela sentidos.

Trata de olvidar
los lazos que unen
y un parpadeo después.
Los caminos
de la penitencia
son claros.

Deslumbrado por la eternidad
sé que el final está muy lejos.

Lo sé muy bien
otra pesadilla viviente.

Marcada en mi piel
la historia de los males
del invierno eterno.
Sólo importa
alimentar la herida.

Ese es el viejo dogma del odio.

Obscura tradición.

Quisiera implorar
por el alma
que un día vendí.

Perdido
en la algarabía
de las apariciones
provenientes
de las llamas del averno.

Soy un miserable
adicto al pasado.

Aferrado a los "buenos tiempos"
que aunque tormentosos
no este frió purgatorio.

Sólo otra oportunidad
de traer miseria.
Es lo que pido.

Otro desenlace
donde las almas destruidas
sean
juez, jurado y verdugo.

Sobre Consuelo.

La dama pálida
con aquella su dulce sonrisa
bien sabe
que tras un chasquido
de sus dulces dedos.

Puede reclamar
en bandeja de plata
mi cabeza.

No hay nada que hacer
cuando
su dulce canto
hace estremecer
el alma.

Sólo dejarse
atrapar
y esperar
que el final no sea tan largo.

Si tan sólo
pudiera dejar
pasar
un día
sin anhelar
la herida carmesí.

Que adorna sus labios.
¡Oh! Sus hermosos labios.


Serpenteo.

Resiste el tormento
del tedio y el desdén.
Sigue el camino
de hombre decrepito.

Como un torbellino.
Como un suicida.

Sólo se trata de fluir
junto la ira del viento.

Atravez de la confusión
y la nueva piel.

La locura es el camino
hacia el eterno resplandor.

Déjame sentir el rencor
naciente en la mirada perdida
es justo lo que necesito
´para saber que existo.

Pues soy un virus
en esta triste realidad.

Puedo continuar.

Estoy bien

Sólo
el rojo profundo
emergiendo
de mi carroña.

Conozco
bien mi destino.

Al viajar
entre
especros
sin nombre
ni rostro.

Necesito sangrar
un poco.

Sí.
Un poco más.

Enciende una chispa.

He corrido por esta ciudad
demasiado tiempo
cegado
por el velo del desprecio.

Más nunca
podré escapar
del lazo marchito.

Al pasar la rabia
y escuchar tu voz
retumbando en mi cabeza.
Vuelvo a sonreír.

Sin un motivo
para dar marcha atrás
y salir del terrible frío.

Me he vuelto
un enfermo del alma
atesorando cada instante
que aún puedo conservar.