sábado, 13 de abril de 2019

Errante.

Caminé sin rumbo
durante tanto tiempo
que ya no puedo recordar
de donde vengo.

Terminé llegando
a un inquietante pantano
dónde la luna brilla
un poco más.

Mientras me adentraba
en aquella espesura
el tiempo se ralentizaba
poco a poco.

En ese momento
comprendí que había abandonado
el plano al que me había visto atado
durante tanto tiempo.

Habría encontrado al fin
una manera de escapar
de un mundo que siempre
me ha ofrecido su rechazo.

Me he quedado sin motivos
para mantenerme atado
a esta prisión donde cada día
es un tormento.

Lady Mort.

Esta noche
volví a encontrarme con ella.
Sí, la dama pálida
vino a buscarme.

Justo cuando creí
que al fin me habría librado
de esta obsesión
por sus labios.

Rojos como la sangre una herida reciente
finamente delineados con negro.

Claro, soy tan afortunado
por tener el privilegio
de saborear el vacío espectral
sin dejar este mundo

No puedo evitar
sentir esta atracción suicida
al sentir como sus manos
rozaban lentamente mi cuello.

Muy pronto querida mía.
Aún me quedan un par de cosas por hacer.

viernes, 12 de abril de 2019

Disputa.

Escucharte jactar
de haber conocido
una de mis tantas máscaras
es hilarante.

Sobretodo cuando
sólo viste
lo que yo quería.

El señor Andras
nos espera en su altar
ansiando el momento
del sacrificio.

Una abrumadora
angustia carcomiente
aparecerá en ti.

Será en una noche sin luna
justo debajo
de aquel árbol de espinas
donde nos volveremos a encontrar.

Tan patética.

Solía parecerme imposible
imaginar un mundo
en el que me parecieras
tan repulsiva.

¿Hacia donde te diriges
con esas heridas
tan grandes?

No esperes que comparta
mi dolor contigo.

Después de todo
puede que
llegues a merecer.
un poco de mi compasión.

¿Acaso esperas
que te acompañe
por aquel sendero?

Lamento no cumplir
con tus caprichos.

jueves, 11 de abril de 2019

Resplandece.


Al caer otra noche de verano en medio de las infinitas nubes de tormenta pude verlo emerger, Las alas del señor celestial se habían abierto, Ziz vive… La tormenta enmudece con el canto del celeste ser impío. Las blasfemas alas color sangre con su agitar generaban huracanes que ofendían al dios vivo, trayendo consigo a su más tenido semejante, la muerte. Con estos dos luceros podridos vi al culto del nuevo Fénix alzarse. El gran rey de los cielos era Dios ahora y yo un simple espectador.

Veo incrédulo el desfile de negras capuchas andantes desde lo alto de un viejo intento de puente a medio construir. Se dirigen a la plaza del pueblo. Simplemente dirijo mi camino a casa, una taza de té será buena para esperar a que esta mierda termine. Los nuevos dioses siempre son así, llegan, invaden, tratan de establecerse, la sangre corre y el ciclo de hermandad continúa. Ziz abre sus alas majestuosas y el sonido que emite resulta tan hermoso que los hombres y las mujeres comiencen a seguirle. Así emerge Ziz la reina de los cielos se ha dignado a volverse humana.

Los viejos, como siempre, desesperados por salvación, se vuelven fieles sirvientes, los niños son sometidos a lavado de cerebro, el mismo cuento. Ziz me ordena terminar con sus vidas…El tiempo no es un lujo para mí.

Mi destino me llevó hacia las nievas tierras de la obscuridad naciente, he ahí entonces cuando al llegar a la colina más empinada del noveno circulo infernar cuando todo nosotros, enfermos y decadentes  ambulantes. De repente me vi completamente sólo en las neblinas de un espeso pantano. 

Fue entonces cuando pude verme entre aquella multitud de túnicas negras y canticos abisales y fue entonces cuando pude verla. Ziz en todo su esplendor. Acercando un cáliz del más embriagante veneno a mi boca y sentí mi cuerpo car fuera de mí.  Fue en verde espesura que  me hiso retornar ante el roce de los labios sabor cereza en aquel pantano olvidado de todo rastro de luz sólo un par de velas hacían la diferencia entre la sensual figura y la obscuridad total.

Justo ahí, donde se juntan los cuervos a media noche. Enredado en los cabellos de la nueva deidad.

Justo ahí encontré mi final, justo ahí mi vida cobró sentido.

Cerca.


En el obscura alma, muy dentro del abismo protector, la última llamarada de la vida finita. Un único resplandor entre las tinieblas, Justo donde nadie puede alcanzar la esencia más pura. ¿A dónde he de terminar? Las tardes lluviosas  son para tratar de ser felices y ni siquiera puedo sentir una gota en mi piel. ¿Tan dormido estoy? La tarde pasa sin tener algún efecto en mí, no existe el hambre, no existe la necesidad. He caído tan bajo que olvidé estar vivo.

Pasan las semanas hasta que algún brote de existencia emana desde mis adentros. Una extraña noticia ¡Oh señores míos! Nunca había imaginado aquella sorpresiva visita, una imitadora de la dulce muerte toca la puerta… impostora.

Y entonces bebimos y también fumamos y me vi extasiado ante la visita noctambula. Embriagado por licores con un distinguido sabor espectral. Ahí estaba, la mismísima encarnación de la muerte, observándome a los ojos, lista para hacerme suyo.

Entre las lamas que encienden el cigarrillo puedo leer el destino de los ecos que hoy me mantienen un poco cuerdo, no es bueno. Si tan sólo pudiera encontrar en medio de las etéreas formas que ahí danzan algún indicio de un futuro mejor, juro que me aferraría al amanecer. Pero sólo vero más y más desolación incluso en medio de las cenizas cambiantes.

Tarde bastarda.

Si algún día paso frente a ella, sonreiré, dejaré ver un mundo mejor, la mentira debe prevalecer incluso con las heridas sangrando.  Mentir en cada movimiento, cada mirada y perderme un segundo más. La distancia del tiempo estará ahí después de esa tierna sonrisa brotando del alma. La vida triste seguirá, con un suspiro diré “adiós”. Acomodaré mi gabardina y seguiré mi camino.

Ella es la triste imagen que me mantiene despierto, aun en mis múltiples intentos de suicidio, Azrael muestra sus lágrimas y otro triste latido regresa la vida.

Levanta el vuelo en la madrugada. Desde la tierra distante un grito más sórdido de lo que es humanamente posible. Quisiera no poder escuchar los ecos que me llaman a encontrarle, a buscar en cada rincón posible hasta volverla a ver. Las grandes arenas desérticas apaciguan la desesperación cambiando el fuego por los viejos canticos sobre las tormentas. Cae la calma, otra noche en el recóndito abismo.  Siempre vacío, siempre muerto… el aparecer de alguna estrella distante es la más grande maravilla, distrae el lamento. ¡Oh! Mi siempre hermosa Consuelo.

Bailando en mi memoria día y noche ¡Por fin! Otra señal de que estoy vivo.

La única razón para abrir los ojos, inflar los inútiles pulmones y desatrofiar las hebras pútridas ya acostumbradas a arrastrarse. Desde lo más profundo del tétrico mausoleo tenía que emerger, tarde o temprano, mis mayúsculos esfuerzos desarrollaron en mí la más cruda indiferencia, casi cadáver descompuesto. A paso arrastrado, sólo los desdichados tiemblan de esa manera. Camino entre los tristes escombros la vida parece llamar, el hambre será saciada, la obscuridad dejará de doler… Hasta entonces sólo he de encontrar refugio en las aguas de la tormenta naciente.