jueves, 20 de diciembre de 2018

Pasa el tiempo.

Es demasiado difícil
callar a las voces internas
cuando llega
la hora de las brujas.

Grita en ansias de sangre
retumbando en mi interior.

Carcome mi mente desde sus rincones
más obscuros hasta aquella fachada
que es lo que todos deben ver.

Persiguiéndome hasta el fin de los tiempos
sin importar
cuanto intente alejarme
siempre estará ahí.

Así que simplemente
cierra los ojos
y deja a las manecillas
danzar libres.

También debo abandonarte.

He buscado en cada rincón
una razón para no marcharme.

Pero no importa cuanto lo intente
siempre es la misma respuesta
y la misma triste solución.

Sólo tu narcótico aliento
ha de mantenerme
sobreviviendo.

No importa a donde trate de escapar.

En sueños he visto
aquel momento perdido
en los tiempos
que opuestamente existen.

Encajando con esta cruel
imitación de lo que debiera ser real.

Debería dejar atrás
aquellos momentos
donde no solía
doler respirar.

Dos pasos.

Es cierto, a pesar de todo
trato de mantenerme de pie.

Sé que al tratar de moverme
volveré a caer.
Pero no importa.
Intentaré alcanzarte.

Otra promesa vacia
que intentaré cumplir.
Otro error que enmendar.

Como siempre ha sido y será.

No soy nadie para juzgar
a la cruel fortuna
pero su naturaleza
suele ser despiadada.

Te desprecio.

Escucho cantar la melancolia
en un suave arrullo
y te vuelvo a recordar.

El perdón es un sueño lejano
al comenzar la hora maldita
la herida vuelve a sangrar.

Desangrarme eternamente
en hojas mudas y tinta muerta.

Un maravilloso destino.

Tal vez
lo mejor que he hecho
fue decir "Adiós".

Serás más feliz sin mi.
Lo sé bien.

Manos heladas.

Sólo en hebras de cobre
he logrado aliviar
las heridas punzantes.
Sólo por momentos.

Quisiera poder ver
los bastos prados.

Pero sé bien
que el paraiso es una mentira
para los temerosos de morir.

Eso está bien supongo.

Creo que al final de la historia
sólo importa como es que la hemos
de recordar.

Y aquello
que queremos dejar atrás
como una especie
de legado.

Sólo me pregunto
si es que yo merezco
tener uno.

Parte de ti.

Risas enmudecidas
en las horas finales
una vida tan pasajera
como insignificante.

Un pequeño chasquido
en el día a día.

Tanto tiempo desperdiciado
en el turbio juego del recelo.

Consumí el odio como un adicto
sólo para darme cuenta
de mi más grande fracaso.

Tu.

Mi causa perdida
mi veneración.

Ha caído la niebla
es hora de cruzar miradas
confusas, perdidas y distantes.

Ocultas, clandestinas
existentes sólo en el delirio.

Taciturno.

Ya no importan las consecuencias
ni el posible desenlace.

Por fin
he perdido el control.

Lo cierto es que
es mucho mejor
que aquel mundo idiota
al que estaba tan aferrado.

He cruzado el punto de no retorno.

Este juego
no es tan difícil
sólo debo
volver a engañar
a la muerte.

Convertirme en polvo
y liberarme de mi mismo.

Andar por la vida
en un lento suicidio
hasta ver los ojos vacíos
de la dama pálida.