Recuerda mi nombre
retumbando en aquella
obscuridad infernal.
Al cruzar cual sombra
errante y misterioso
detrás del sendero
bajo el sol vespertino.
Recuerda el sabor
de esta sangre
cálida ponzoña.
El abismo naciente
sólo revela el olvidado
fulgor hipnótico
de la antigua mirada
perdida en las estrellas.
Recuerda mi respiración
en cada cigarrillo
abandonado en la banqueta.
Sólo otra brisa desértica
atravesando en odio
y frío desprecio
este cuerpo mueriente.